La contaminación en Nuevo León volvió a colocarse en el centro de la conversación pública. La mala calidad del aire afectó a gran parte de la zona metropolitana, aunque los datos oficiales no reflejaron toda la magnitud del problema. Mientras el gobierno estatal difundió cifras moderadas, mediciones ciudadanas mostraron un escenario más grave, lo que reavivó las críticas al discurso ambiental de Samuel García.
Aire Contaminado En La Zona Metropolitana
La mañana del 20 de enero, la contaminación volvió a hacerse visible en distintos municipios del área metropolitana. De acuerdo con el Sistema Integral de Monitoreo Ambiental, nueve de las 15 estaciones registraron mala calidad del aire al corte de las 11:00 horas.
Estas cifras confirmaron que el problema no ha sido resuelto. Aunque no se trata de un episodio aislado, el reporte oficial volvió a mostrar un impacto menor al que perciben miles de personas en su vida diaria.
Para muchas familias, el aire sucio se refleja en molestias respiratorias, ardor en los ojos y una sensación constante de neblina. Sin embargo, esa experiencia cotidiana no siempre coincide con los datos que comunica el Estado.

Mediciones Ciudadanas Cambian El Panorama
A diferencia del reporte oficial, la iniciativa ciudadana Alerta Regia presentó un conteo distinto. Según sus mediciones, 12 estaciones presentaban concentraciones contaminantes fuera de norma ese mismo día.
La diferencia no es menor. Pasar de nueve a 12 estaciones implica reconocer que la contaminación es más extensa y más grave de lo que se comunica de manera oficial.
Este contraste fortaleció la percepción de que las autoridades minimizan el problema. Para los ciudadanos, no se trata de un error técnico, sino de una forma de suavizar una realidad que afecta directamente la salud.
Parámetros Que El Estado Aún No Aplica
La explicación del desfase entre cifras oficiales y ciudadanas está en los criterios de medición. El Estado aún no aplica los nuevos parámetros, que son más estrictos, para informar la contaminación por PM10 y PM2.5.
Estos nuevos límites permiten detectar concentraciones más finas y peligrosas para la salud. Sin embargo, al no utilizarlos, los reportes oficiales muestran escenarios menos alarmantes.
Para organizaciones y ciudadanos, esta omisión no es menor. Mantener parámetros antiguos reduce el impacto del problema y retrasa la toma de decisiones urgentes en materia ambiental.

El Discurso Ambiental Frente A Los Datos
Desde el gobierno estatal se ha insistido en que existen avances en materia ambiental. El discurso habla de control, monitoreo y estrategias en marcha.
No obstante, la contaminación en Nuevo León sigue presente y los datos ciudadanos contradicen ese mensaje. La brecha entre lo que se dice y lo que se mide genera desconfianza.
Para muchos regios, el problema no es solo el aire. Es la percepción de que las cifras están siendo presentadas de forma conveniente, lo que refuerza la idea de cifras maquilladas.
Una Realidad Que No Se Puede Disimular
Más allá de reportes y gráficos, la contaminación se siente. Se ve en el cielo opaco. Se respira en las calles. Y se padece en la salud.
La insistencia en no actualizar los parámetros de medición mantiene una narrativa que no coincide con la experiencia ciudadana. Eso explica por qué cada nuevo episodio reactiva la indignación pública.
Mientras no se reconozca la magnitud real del problema, la contaminación en Nuevo León seguirá siendo un tema pendiente. Y el contraste entre discurso y realidad continuará creciendo.
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