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Tragedia en la Sierra de Santiago, Nuevo León: Historia de 30 años

La sierra de Nuevo León ha sido testigo de tragedias a lo largo de la historia.

Nuevo León - Regios Al Cuadrado

El pasado fin de semana, Nuevo León fue sacudido por una tragedia en la Carretera a la Cola de Caballo, cuando 12 miembros de una familia murieron a consecuencia de un trágico accidente de tráfico. Este hecho, ocurrido a la altura del kilómetro 14 en el municipio de Santiago, revivió la memoria de otro desastre similar ocurrido hace tres décadas en la misma zona. La tragedia reciente ha puesto en evidencia las complejas condiciones del terreno en esta parte de la Sierra de Santiago, y cómo, a pesar de los años, sigue siendo una ruta peligrosa para quienes la transitan. Las autoridades han exhortado a los conductores a tener máxima precaución al circular por este tramo, ya que las pendientes pronunciadas y la falta de visibilidad hacen que cualquier error pueda tener consecuencias fatales.

Este lamentable accidente ha generado un dolor profundo en la comunidad de Santiago y ha resurgido la memoria de un trágico evento sucedido en julio de 1994. En esa ocasión, 10 miembros de una familia originaria de Texas perdieron la vida en circunstancias similares, al volcarse su vehículo en la misma carretera. La semejanza entre ambos eventos, no solo por la ubicación, sino también por las circunstancias y la naturaleza de los accidentes, ha causado una gran conmoción entre los habitantes del estado.

Un accidente similar hace 30 años

En julio de 1994, otra tragedia azotó la misma carretera de la Sierra de Santiago, cobrando la vida de una familia originaria de Houston, Texas. Este incidente ha quedado grabado en la memoria de muchos debido a lo trágico y macabro de sus detalles. La familia había llegado a Nuevo León para disfrutar de unas vacaciones en el Pueblo Mágico de Santiago, visitando los hermosos paisajes de la zona, incluyendo la famosa Cola de Caballo y Puerto Genovevo. Sin embargo, el regreso a casa resultó fatal.

Tras un día de esparcimiento, la familia se dispuso a regresar a Texas, atravesando nuevamente la misma ruta que los había traído al lugar. Lamentablemente, un fallo en los frenos de la camioneta que transportaba a la familia causó un fatal accidente. El vehículo perdió el control y volcó en la sierra, cayendo por un terreno empinado y accidentado, lo que resultó en la muerte de 10 personas, incluidas varias niñas pequeñas. Este trágico suceso dejó a Esthela Plata, la madre de familia, como la única sobreviviente del accidente.

La historia de Esthela Plata y su familia

Esthela Plata, la madre de familia, había organizado el viaje con gran entusiasmo para disfrutar de unos días de descanso en tierras regiomontanas. Junto a ella viajaban sus hijos Vanesa (10 años), Cristal (8 años) y Junior (6 años), además de su amiga Martha, quien llevaba a su hijo Moisés. También viajaban con ellas la hermana de Esthela, Lety, con sus hijos Rocío y Poncho, además de los abuelos de los niños.

En un giro irónico del destino, Esthela, quien había cedido el volante a su amiga Martha, sería la única sobreviviente del accidente. Esthela había optado por dejar que su amiga Martha tomara el control del vehículo, pues las condiciones del terreno eran complicadas, y prefería no manejar. Sin embargo, Martha no logró dominar el vehículo en el difícil terreno de la Sierra de Santiago. La camioneta perdió el control y volcó, cayendo violentamente por la sierra. Los cuerpos de los pasajeros fueron expulsados del vehículo y vistos más tarde por otros turistas que transitaban la misma ruta.

El dolor de una madre sobreviviente

Cuando Esthela Plata despertó del letargo en el hospital, fue recibida por su esposo, quien le informó sobre la trágica pérdida de su familia. El dolor que experimentó al escuchar que había perdido a sus tres hijos, sus padres, sobrinos y su amiga fue indescriptible. La tragedia fue aún más profunda al saber que, a pesar de haber sido ella quien organizó el viaje, no pudo evitar que su familia cayera en el desastre. Esta experiencia desgarradora marcó la vida de Esthela para siempre, quien, a pesar de ser la sobreviviente, tuvo que enfrentar el peso del sufrimiento y la culpa de haber perdido a tantos seres queridos en un solo día.

El dolor de Esthela fue más intenso por el hecho de que su hija Vanesa, una de las víctimas, tenía apenas 10 años, lo que hizo que la tragedia fuera aún más difícil de sobrellevar. Este evento no solo afectó a la familia de Esthela Plata, sino que también dejó una marca profunda en la comunidad de Santiago y en la memoria colectiva de Nuevo León, que aún recuerda la magnitud de esta tragedia.

La sierra como escenario de tragedias en Nuevo León

La Sierra de Santiago, con su hermoso paisaje y sus imponentes montañas, ha sido testigo de múltiples tragedias a lo largo de los años. A pesar de su belleza natural, esta zona presenta condiciones de tránsito peligrosas, especialmente en días de lluvia o cuando las carreteras no están bien mantenidas. Los accidentes, como los ocurridos recientemente y hace tres décadas, destacan la importancia de mantener la seguridad vial en esta zona y de advertir sobre los riesgos al transitar por ella. La falta de medidas de seguridad adecuadas, junto con el difícil terreno, continúa representando un desafío para los conductores que atraviesan la sierra.

El reciente accidente ha hecho que las autoridades locales y estatales reflexionen sobre la seguridad de la carretera, y muchos piden un mayor control sobre las condiciones de la vía y las medidas de precaución para evitar que tragedias similares sigan ocurriendo en el futuro. Mientras tanto, los recuerdos de las víctimas de ambos accidentes siguen vivos en los corazones de aquellos que los conocieron y en la memoria colectiva de la comunidad.

El dolor y la conmoción causados por estos accidentes no solo son un llamado de atención sobre las peligrosas condiciones de la carretera a la Cola de Caballo, sino también una reflexión sobre la importancia de la seguridad vial. Mientras los recuerdos del pasado resuenan en el presente, las tragedias familiares siguen dejando un vacío irremplazable. La historia de Esthela Plata, así como la de tantas otras personas afectadas por tragedias viales, nos recuerda la fragilidad de la vida y la necesidad de cambiar las circunstancias que permiten que estas tragedias sigan ocurriendo.

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