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Viabilidad de los Sistemas de Bicicletas Compartidas

¿Sería viable un sistema de bicis en la ciudad regia?

Bicicletas - Regios Al Cuadrado

En el contexto actual de urbanización creciente, donde más de la mitad de la población mundial ya reside en ciudades y se espera que esta tendencia continúe, el reto del transporte urbano se ha vuelto más apremiante. Se estima que para el año 2050, siete de cada diez personas vivirán en zonas urbanas, lo que incrementa la necesidad de soluciones eficientes para la movilidad urbana. Los sistemas de transporte deben facilitar el desplazamiento tanto de personas como de mercancías, pero también deben contribuir a la reducción de las emisiones contaminantes, la mejora de la calidad del aire y el fomento de la salud pública. Entre los métodos que se están implementando para alcanzar estos objetivos, los sistemas de bicicletas compartidas (SBC) se destacan como una alternativa atractiva y viable en varias partes del mundo.

El transporte motorizado representa el 75% de las emisiones contaminantes generadas por el sector, lo que lo convierte en la principal fuente de contaminación atmosférica y acústica en muchas ciudades. Esta situación ha generado la necesidad urgente de adoptar modos de transporte más sostenibles. En este sentido, la implementación de bicicletas compartidas ofrece no solo una reducción del tráfico vehicular, sino también un impulso a la actividad física de los usuarios, lo que se traduce en beneficios para la salud pública, además de contribuir a la disminución de la huella de carbono. Sin embargo, la adopción y el éxito de estos sistemas dependen de una serie de factores que incluyen la integración con el transporte público y la respuesta a las necesidades reales de los usuarios.

Bicicletas
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Sistemas de bicicletas compartidas en el mundo

A nivel global, existen actualmente 1,721 sistemas de bicicletas compartidas operando en más de 50 países, con una flota que supera los 9 millones de bicicletas. Ciudades como Hangzhou y Taiyuan en China, París en Francia, Londres en Reino Unido y Nueva York en Estados Unidos han sido pioneras en la implementación de estos sistemas. Sin embargo, no todos los intentos han tenido el mismo nivel de éxito. Ciudades como Singapur han experimentado dificultades con la adopción de estas iniciativas, principalmente debido a factores de diseño y a la falta de integración adecuada con el transporte público local.

Un sistema de bicicletas compartidas se caracteriza por su accesibilidad y flexibilidad. Los usuarios registrados pueden alquilar una bicicleta en una estación automatizada y devolverla en otra estación dentro del mismo sistema. Estos sistemas se presentan como una opción ideal para el primer y último tramo del recorrido diario, especialmente cuando están bien conectados con otros modos de transporte, como autobuses o trenes. Los beneficios son claros: disminución del tráfico vehicular, reducción de la contaminación y promoción de hábitos de vida más saludables.

Sin embargo, para que un sistema de bicicletas compartidas sea exitoso, es esencial que las autoridades responsables no solo consideren los costos y la infraestructura disponible, sino también las expectativas y necesidades de los usuarios. La ubicación estratégica de las estaciones, la cantidad de bicicletas disponibles, la facilidad de acceso y la integración con otros medios de transporte son factores fundamentales que determinan el éxito o fracaso de estas iniciativas.

El caso de León, Guanajuato

En León, Guanajuato, se llevó a cabo un proyecto de implementación de un sistema de bicicletas compartidas, adoptando un enfoque basado en la investigación-acción. Este enfoque iterativo incluyó la identificación de problemas, la planificación de acciones, la evaluación de los resultados y la reflexión sobre las decisiones tomadas durante el proceso. El proyecto fue diseñado por un equipo interdisciplinario que colaboró con el Instituto Municipal de Planeación de León (IMPLAN) y las autoridades municipales para desarrollar una solución que, a un costo relativamente bajo, pudiera satisfacer las necesidades de transporte urbano sostenible de los residentes de la ciudad.

En un primer paso, el equipo de trabajo llevó a cabo una encuesta a 1,243 residentes de seis de las 21 macro-áreas de la ciudad, áreas que fueron seleccionadas por su alto potencial para la implementación de estaciones de bicicletas compartidas conectadas a centros de transporte público importantes. La encuesta permitió recolectar información clave sobre los patrones de desplazamiento de los residentes, los modos de transporte utilizados, los perfiles demográficos de los usuarios y su interés en utilizar bicicletas compartidas como alternativa al transporte motorizado.

Los resultados de la encuesta indicaron que las horas de mayor demanda de transporte en la ciudad son de 7 a 9 a.m. y de 5 a 7 p.m., lo que permitió a los diseñadores del proyecto planificar los horarios de reposicionamiento de las bicicletas. Se estimó que aproximadamente el 6.7% de los viajes motorizados podrían ser sustituidos por bicicletas compartidas, una cifra que es consistente con los datos observados en otras ciudades con sistemas similares.

¿Quieres saber más sobre el tema? Lee el siguiente artículo.

El perfil del usuario potencial en León reveló que la mayoría de los usuarios interesados en este tipo de transporte eran personas de entre 18 y 54 años, principalmente sin automóvil propio, que buscan completar viajes cortos o realizar múltiples trasbordos en trayectos largos. Estos usuarios, generalmente de niveles socioeconómicos medios y bajos, representaban un mercado potencial considerable para el sistema. Además, se identificaron áreas clave de la ciudad, como San Isidro, que tienen una alta demanda para la implementación de estaciones de bicicletas compartidas.

Aunque el presupuesto disponible limitó el sistema a solo 15 estaciones y 250 bicicletas, el proyecto incluyó un análisis de los beneficios potenciales en términos de reducción de emisiones de CO2. La ubicación estratégica de las estaciones cerca de centros de transporte y la construcción de ciclovías adicionales permitirían aumentar la eficiencia del sistema, aunque esto implicaría un incremento en los costos iniciales del proyecto.

Evaluación de sistemas alternativos

En busca de una solución más eficiente, el grupo de investigación colaboró con las autoridades locales para evaluar sistemas alternativos que pudieran optimizar los costos y aumentar la reducción de emisiones de CO2. Aplicando un modelo de optimización bi-criterio, se identificaron dos opciones de diseño para el sistema de bicicletas compartidas. La primera opción, que tenía un costo de 5.5 millones de dólares, solo cubría el 48% de la demanda proyectada. La segunda opción, que incrementaba el costo en un 13.7% y incluía 300 bicicletas, podía satisfacer el 57% de la demanda y ofrecería una reducción del 12% adicional en las emisiones de CO2.

Después de evaluar las opciones, las autoridades locales decidieron optar por el sistema alternativo, considerando tanto los beneficios medioambientales como la necesidad de satisfacer una mayor parte de la demanda de los usuarios. La experiencia de trabajo colaborativo y el enfoque de análisis costo-beneficio fueron fundamentales para tomar decisiones informadas y respaldadas por datos cuantitativos, lo que enriqueció la planificación y evaluación del proyecto.

En resumen, los sistemas de bicicletas compartidas pueden ser una solución viable y efectiva para mejorar la movilidad urbana, reducir la congestión del tráfico y disminuir las emisiones de contaminantes. Sin embargo, su éxito depende de un diseño adecuado que considere las necesidades de los usuarios y se integre eficientemente con otros modos de transporte. La experiencia de León, Guanajuato, es un ejemplo de cómo la investigación y la colaboración entre autoridades y expertos pueden generar soluciones innovadoras que promuevan un futuro más sostenible para las ciudades.

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