La administración de Samuel García enfrenta una nueva polémica tras revelarse contratos millonarios otorgados a un funcionario de Juárez. El implicado, Hugo Antelmo Quintanilla Serrato, recibió cerca de 300 millones de pesos del gobierno estatal mediante una empresa propia. Mientras tanto, el alcalde Félix Arratia dejó su cargo en Juárez para integrarse al gabinete estatal, dejando dudas sobre la transparencia en el uso de los recursos públicos.
Contratos millonarios bajo la lupa estatal
El caso de Hugo Antelmo Quintanilla Serrato estalló cuando se descubrió que su empresa, MTM Productos y Servicios, facturó sumas estratosféricas al Estado. Según las investigaciones, esta compañía empezó a recibir beneficios económicos justo al inicio del sexenio actual. Los montos ascienden a los 300 millones de pesos, repartidos en diversos contratos de servicios.
Esta situación generó indignación debido a que Quintanilla se desempeñaba simultáneamente como Secretario de Servicios Públicos. La Auditoría Superior del Estado señaló este acto como un claro conflicto de interés. A pesar de las advertencias legales, el funcionario continuó operando como proveedor y servidor público durante meses sin enfrentar consecuencias inmediatas.
El viernes pasado, la administración municipal finalmente dio de baja al polémico secretario tras la presión mediática. Fuentes internas aseguran que la salida fue repentina y careció de un pronunciamiento oficial detallado. Ahora, la ciudadanía exige que se aclare el destino final de esos recursos y se finquen responsabilidades legales por este presunto saqueo.

Nexos políticos entre Samuel García y Juárez
La relación entre el gobernador y los funcionarios de dicho municipio ha sido estrecha desde el inicio de la gestión naranja. Félix Arratia, identificado como un operador clave del mandatario, facilitó la entrada de Quintanilla a la administración local. Estos movimientos sugieren una red de influencias que beneficia a un círculo cerrado de amigos y colaboradores cercanos.
Recientemente, Arratia solicitó licencia para abandonar la alcaldía y regresar al gabinete estatal como coordinador de igualdad. En un movimiento calificado como nepotismo, heredó el cargo municipal a su esposa, Mónica Oyervides. Esta rotación de puestos asegura que el control político y financiero permanezca bajo la misma estructura partidista que hoy es cuestionada.
La opinión pública critica que se utilicen las instituciones como agencias de empleo para socios y familiares. Los 300 millones entregados al funcionario de Juárez son vistos como una muestra del manejo patrimonialista del presupuesto. Mientras el estado requiere inversión en seguridad e infraestructura, el dinero parece fluir con facilidad hacia empresas ligadas a servidores públicos.
El desconocido paradero de un funcionario de Juárez
Tras su destitución, el futuro laboral de Quintanilla Serrato permanece envuelto en un total misterio para la prensa. El municipio de Juárez se limitó a informar que el exsecretario ocupará un nuevo puesto público en otra dependencia. Sin embargo, se negaron a revelar el nombre de la institución o el cargo específico que desempeñará.
Esta falta de transparencia sugiere que el gobierno estatal busca esconder al implicado del escrutinio ciudadano. Al no dar la cara, alimentan las sospechas de que los 300 millones formaron parte de un esquema de financiamiento irregular. Los legisladores de oposición han solicitado informes detallados sobre los contratos de Metrorrey y el Instituto de Movilidad vinculados a este caso.
Es inaceptable que un servidor público señalado por la Auditoría Superior simplemente sea reubicado sin enfrentar una investigación profunda. La narrativa del “Nuevo Nuevo León” se ve manchada por estas prácticas que recuerdan a los peores tiempos de la vieja política. La transparencia no puede ser opcional cuando se trata del dinero de los contribuyentes neoloneses.
Implicaciones legales y conflicto de interés
El marco legal de nuestro estado prohíbe estrictamente que los funcionarios sean proveedores de los entes gubernamentales para los que trabajan. Hugo Quintanilla ignoró estas normativas al ostentarse como representante legal de su empresa mientras ocupaba un alto mando. La Auditoría fue enfática al decir que los entes públicos debieron abstenerse de recibir sus propuestas económicas.
Actualmente, no existe claridad sobre si se iniciará un proceso para recuperar los fondos entregados bajo estas condiciones irregulares. Los contratos con Metrorrey por servicios de seguridad son solo una parte de la larga lista de beneficios recibidos. La sociedad civil organizada demanda que Samuel García rinda cuentas sobre por qué su administración favoreció a este allegado de su grupo político.
El silencio de las autoridades ante el paradero de este funcionario de Juárez solo aumenta la desconfianza generalizada. Si realmente existiera voluntad de cambio, el gobierno debería facilitar las indagatorias en lugar de premiar con nuevos puestos a quienes son cuestionados. Nuevo León merece una gestión donde la honestidad sea el eje rector de cada contrato firmado.
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