El metro de Nuevo León atraviesa uno de sus momentos más cuestionados. Durante los últimos años, el costo del pasaje aumentó de forma constante, mientras el servicio mantiene fallas recurrentes. Bajo la administración de Samuel García, el sistema pasó de ser uno de los más accesibles a convertirse en el más caro del país. El tarifazo contrasta y pesa sobre la experiencia diaria de los usuarios.
Un Sistema Pequeño Con Precio De Ciudad Grande
A diferencia de otras metrópolis, el sistema del metro en Nuevo León es limitado. Cuenta con tres líneas, 37 estaciones y alrededor de 40 kilómetros de extensión. Pese a ello, hoy cobra más que cualquier otro sistema de transporte similar en México.
La comparación es inevitable. En la Ciudad de México, el pasaje cuesta 5 pesos desde hace años. Ese sistema tiene 12 líneas y más de 200 kilómetros de red. Guadalajara también ofrece una red más amplia, con cuatro líneas y tarifas más bajas para sectores vulnerables.
En Nuevo León, la ecuación es distinta. Menos cobertura, menos estaciones y un precio más alto. Esta combinación genera inconformidad entre quienes dependen del Metro para trasladarse todos los días.

Cómo Se Fue Construyendo El Tarifazo
El aumento no ocurrió de golpe. En 2022, el precio subió de 4.50 a 5.50 pesos. A partir de ahí, se estableció un incremento automático mensual de 10 centavos. Ese ajuste, casi imperceptible al inicio, acumuló un alza considerable.
Hoy, cada viaje cuesta 9.80 pesos. Es más del doble de lo que se pagaba al inicio del sexenio. La medida se presentó como necesaria para cubrir costos de operación y mantenimiento del Metro y del sistema Transmetro.
Sin embargo, el plan no se detiene ahí. En 2024, el Consejo de Administración de Metrorrey avaló mantener el aumento mensual hasta alcanzar los 15 pesos en 2030. Esto significa que el impacto económico para los usuarios seguirá creciendo.
Millones En Ingresos, Pocas Mejoras Visibles
Las cifras financieras muestran otra cara del sistema. De acuerdo con reportes oficiales, Metrorrey obtuvo ingresos propios por más de mil 100 millones de pesos en 2025. La gran mayoría provino directamente del cobro de tarifas.
Los ingresos aumentaron cerca de 70 por ciento en un año. Sin embargo, la cantidad de pasajeros solo creció 16 por ciento. Esto indica que el dinero extra no llegó por más usuarios, sino por el aumento al pasaje.
Para muchos ciudadanos, este dato refuerza la percepción de un tarifazo sin beneficios claros. El Metro recauda más, pero no logra reducir problemas que se repiten día tras día.

Fallas Cotidianas Que Persisten
Las quejas no son aisladas. Usuarios reportan retrasos constantes, trenes saturados y interrupciones en el servicio. En temporada de lluvias, las goteras se vuelven comunes dentro de estaciones y vagones.
Otro punto crítico son las escaleras eléctricas fuera de funcionamiento. Estas fallas afectan especialmente a adultos mayores y personas con discapacidad. Aun así, el precio del pasaje sigue subiendo.
Para quienes utilizan el Metro como transporte principal, la sensación es clara. Pagan más por un servicio que no mejora al mismo ritmo.
El Impacto En La Economía Familiar
El aumento del pasaje no solo afecta a un viaje. Para miles de personas, el Metro es un gasto diario. Con tarifas cercanas a los 10 pesos, el desembolso mensual se incrementa de forma notable.
Si el esquema actual continúa, al cierre del sexenio el costo rondará los 11.9 pesos por viaje. Esto representará un aumento de 164 por ciento respecto al inicio de la administración estatal.
En un contexto de inflación y presión económica, el transporte público más caro agrava el problema. El metro de Nuevo León deja de ser una opción accesible para muchos hogares.
Un Debate Abierto Sobre Movilidad
El tema del tarifazo ya forma parte del debate público. Para algunos, el aumento era inevitable. Para otros, la falta de mejoras visibles vuelve injustificable el alza.
Lo cierto es que el Metro de Nuevo León combina hoy tres elementos difíciles de conciliar. Es el más caro del país, tiene la menor extensión entre las grandes ciudades y mantiene fallas constantes.
Mientras las tarifas siguen subiendo, la exigencia ciudadana apunta a un punto central. Mejorar el servicio antes de seguir cobrando más. El futuro del sistema dependerá de si esa demanda finalmente se atiende.
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